Si quienes escribían manualmente eran amanuenses, quienes escribimos digitalmente seremos…
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 Una puerta

El autor se presenta

Me tengo por curioso, intelectualmente inquieto y amigo de decir lo que pienso, cualidades éstas que se hallan lejos de hacerme sentir afortunado: siempre han comportado más riesgo que virtud. Si quieres saber cómo me llamo, solo tienes que mirar el pie de página o ir al despacho.

Estudié en un colegio hasta los ocho años, luego en otro hasta los catorce, obtuve un titulillo de formación profesional frisando los treinta y desde los quince he trabajado en todo lo que me ha surgido, siempre a cambio de dinero para poder costearme el vicio de vivir.

Me tocó el sexto reemplazo de mil novecientos setenta y ocho cuando tuve que hacer la mili, expresión popular que designaba el cumplimiento del servicio militar obligatorio. Terminé el período de instrucción, que consistía en pasar tres meses aprendiendo a hacer las cosas que hacen los soldados de verdad, en el CIR1 nº 1, que estaba en el municipio madrileño de Colmenar Viejo. Como soldado de verdad fui destinado a la Academia de Infantería de Toledo, segunda compañía de mantenimiento, sección automovilismo (saludos, compañeros) y estuve un año conduciendo un todoterreno militar por los campos de Castilla.

Siempre me ha gustado escribir, pero no le veo demasiado sentido a hacerlo solo para uno mismo. Los diarios personales y secretos que nadie, salvo el autor o autora, puede leer, se me figuran algo así como una vida no vivida; tal vez, y cuando mucho, imaginada. Perdónenme quienes piensen que llevar un diario es una buena forma de poner orden en sus ideas, dado que, a mi parecer, el estado natural de las ideas es el más caótico de los desórdenes. Discúlpenme también aquellos y aquellas que opinen que un diario sirve para recordar las vicisitudes de la juventud, al releerlo con una media sonrisa en los ya marchitos labios. Prefiero dejar que mi humana mente seleccione las cosas que más importan, despojándolas de la crudeza que otrora pudiesen haber tenido, dotándolas ya sea de alegría, ya de nostalgia o resignación, o, por qué no, de tristeza. No tengo miedo a olvidar, pues considero que el olvido es un bálsamo elaborado por la misma vida para cerrar los círculos viciosos que a veces tratan de abrirnos los pesares, insistiendo en un continuo deseo de volver a nacer para deshacer lo irremediablemente hecho. También se me antoja que ir componiendo un diario es algo así como ser periodista de uno mismo, por lo que la objetividad queda totalmente descartada, de modo que no tomes a mal que haya elegido acogerme a las hermosas subjetividades que me aporta la memoria. Gracias a la tecnología, uno puede permitirse pensar que no está pergeñando algo parecido a un diario, porque creo que jamás sería capaz de escribir lo más mímino si pensara que nadie excepto yo fuese a leerlo. Y como me gusta la vieja y casi desechada tradición de compartir sin más, puedes tomar lo que quieras de lo que aquí encuentres contando con mi agradecimiento.

Mis aficiones más destacas son, por orden de aparición: leer, escribir, ir al campo, jugar al ajedrez, hacer fotos y la informática. También me dio por zurrarle a una guitarra, pero hace ya muchos años que no practico.

Y estoy encantado de recibirte. Puedes contar con mis mejores deseos para que tu IP se dirija siempre a buen puerto, internauta.



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CIR: Centro de Instrucción de Reclutas.  <<