Opciones, alternativas,
fichas clasificadas,
encuadres, estadísticas,
gente condicionada
para encasillarlo todo
de una manera ordenada.
La persona ya no es
un nombre sobre una vida
que responde con sus hechos
y con palabras amigas.
Tiene que pertenecer,
de alguna forma cualquiera,
a un grupo de pensamiento,
a una secta religiosa,
a determinada clase
de una sociedad obsesa
por definirse a sí misma
sin comprenderse siquiera.
Abogo por un resquicio
en la maraña de listas
para el ser que no se enrole
en ninguna de sus filas.
Bastaría con abrir,
en una carpeta nueva,
un expediente que diga:
inclasificados, fuera.
Aunque también es verdad
que el problema está resuelto:
se les llama marginados
y luego se les ignora.
Es bueno que siempre haya
alguien que en nada encaje.
También habrá que mirar
desde fuera el engranaje.