En la noche,
el puñal agudo de su copa
toca el corazón de una luna estremecida.
Las almas,
danzan cabizbajas cogidas de la mano
en un corro sin espacio de infinitas espirales.
De los muertos,
son sus ramas los brazos apretados
blandidos por un viento de destinos consumados.
Hacen planes,
para construir en el ciprés su nido
las aves que portan en su pico los suicidios.
De venganza,
hablan los rumores de sus hojas
al amparo de atronadoras tormentas.
A su sombra
en la noche
las almas
de los muertos
hacen planes
de venganza.