Lejos queda la ciudad perdida del ayer.
Sobre sus ruinas cimentadas nuevos muros
impulsados por la tierra nacerán.
Y las risas de los niños volverán.
Volverán también los enamorados
a besar sobre tálamos de hierba.
Y el museo de la industria quedará.
Quedarán los cables prisioneros en circuitos,
los programas que ya nadie conocerá.
Y el sentido del comercio morirá.
Morirán también todos los precios:
si necesitáis, tomad.
Nadie hablará de libertad
porque no habrá que buscarla.
Nadie hablará de amor
porque no habrá que buscarlo.
Pero alguien preguntará: ¿quién soy?
Y de nuevo,
la ciudad perdida del ayer quedará lejos,
los templos del saber renacerán de nuevo,
y nosotros, orgullosos, volveremos de nuevo a caminar.