El tetragrama

Los cuatro signos que aparecen en la imagen siguiente están grabados en la entrada original de la pirámide de Keops. Claro que podrían haber sido hechos por cualquier grafitero de la cantería y nosotros aquí, buscándoles sentido. En fin, vamos a suponer que están ahí con algún propósito, aunque solo sea para hacer algo más entretenidos algunos momentos de nuestra existencia.

Figura 9. Los pictogramas de la entrada

Dibujo del tetragrama de la entrada de Keops

Un servidor va a aportar sus ocurrencias —faltaría más—, pero sin pretender desvelar el porvenir del universo, ni el origen de la inteligencia humana, ni demostrar que nos visitan, o visitaron, razas alienígenas ni otras cosas. Un servidor va a jugar sin más a que esos signos representan el número cuatro. Respecto a su posible pertenencia al alfabeto tifinagh, únicamente veo coincidencias en los dos primeros caracteres de izquierda a derecha, que vendrían a ser por su orden yad fricativa y yab. A los otros dos caracteres no les encuentro correspondencia, ya que descarto el yey porque no está compuesto de tres líneas horizontales, sino de una línea horizontal en medio de dos óvalos, uno arriba y el otro debajo. Aunque bien pudiera ser, ¿por qué no? Con el tiempo, la escritura de algunos caracteres ha podido evolucionar desde los signos del tetragrama de Keops a algún otro más reciente. Pero voy a entretenerme en exponer mi juego sobre el número cuatro porque para eso se me ha ocurrido.

Sabiendo contar está claro que los signos son cuatro, y será por eso que les llaman tetragrama. Aparentemente no tienen relación con ninguna otra cosa escrita o grabada en los momumentos egipcios, no son jeroglíficos y eso añade enjundia a su misterio. Mis argumentos para decir que representan el cuatro son bastante simples, intentan responder a la cuestión de cuál sería un buen método para representar el número cuatro de manera que pueda ser entendido por cualquiera, sea cual sea su idioma, su cultura, o el sistema de numeración que use. ¿Por qué precisamente el cuatro? El hecho de que los signos sean cuatro no es suficiente aval, por supuesto, así que trataré de expresarme lo mejor que me sea posible para hacerme entender. Esta es una de esas cosas que uno aprehende de manera más intuitiva que racional, por lo que llevar a cabo una exposición razonada y con lógica puede que me resulte algo más difícil de lo habitual, que ya es decir.

Atendiendo a las características de nuestra mente, de nuestra forma de percibir el mundo, de aprehenderlo en el sentido de llevarlo allí donde internamente nos resulta cómodamente comprensible, los números se podrían clasificar en anodinos e importantes, pero ojo, que esta clasificación depende en alto grado del contexto en el que el número sea utilizado. El mismo cuatro, por ejemplo, utilizado en el contexto de la construcción de una pirámide como la de Keops es un número de altísima importancia, pero utilizado en el contexto de la edad de mi hijo es un número anodino, ya que en este segundo caso lo importante es mi hijo y el número solo refleja la cuenta de su edad. Imaginemos una especie de traductor mecánico, o una IA (inteligencia artificial), que consiga aplicar contexto descomponiendo cualquier oración gramatical de un determinado idioma en unidades simples, atendiendo al significado en el contexto adecuado de cada sintagma y cada unidad lingüistica a tener en cuenta, para establecer su representación simbólica, la cual consistiría en números. Una vez hallados esos números simbólicos de una indeterminada y variable cantidad de dígitos, y correlacionados de forma que cualquier lengua cuyas reglas tengamos implementadas en nuestra imaginaria —y todo lo potente que haga falta— computadora, puedan ser interpretados de la misma forma en cuanto a su significado lingüístico, se recorrería el camino inverso para el otro idioma, llegando a la construcción de la oración final partiendo de los significados, tanto simbólicos como concretos, presentes en los números obtenidos, para conseguir por fin una oración en un segundo idioma (o en varios a la vez) con el significado y sentido que se le aplica en el primero. Para lograr esto haría falta una interpretación numérica extensísima y me voy a atrever a dar ideas, para tu mayor diversión y jolgorio.

Supongamos que queremos empezar por el principio, pero, ¿cómo aprehender el concepto de principio? ¿Qué sería aquello que nuestra mente identifica como lo más nimio y pequeño que pueda concebirse? El punto. Si nos paramos a meditar, que no es exactamente lo mismo que reflexionar, nos daremos cuenta de que no somos capaces de concebir nada más ínfimo que un punto. Un punto puede ser todo lo pequeño que seamos capaces de imaginar, pero nada en el interior de nuestra mente puede ser más pequeño que un punto, que el punto.

¿Qué número le correspondería al punto en nuestro imaginario traductor mecánico? Pues está claro que el uno. El uno representa la mínima unidad de existencia, por así decirlo. Si algo tiene existencia, existe al menos una vez o no es cierto que exista. Por lo tanto, el principio de todo sería representable por el número uno, y en cada contexto y significado donde el concepto principio tenga cabida estaría presente dicho número uno. Hago énfasis en que he mencionado concepto principio, no definición de principio. Este matiz lo considero importante. Pero, de la misma forma que el punto puede ser entendido como el principio de todo lo aprehensible, también es el final a donde todo converge. El punto, y por consiguiente el uno, puede representar tanto el principio como el final universales. En nuestra forma de hablar cotidiana lo tenemos presente en expresiones como: punto de partida, punto final, punto de encuentro, punto y aparte, etc. Fijémonos, por ejemplo, en cualquier explicación de la teoría del Big-Bang como origen del universo, y a ver si no encontramos el término punto. Y es que, al principio, todo estaba en un punto. Y puede ser que, al final, todo converja en un punto.

¿Cómo representaríamos el número uno? Con un punto. ¿Cómo representaríamos el punto? Como el origen conceptual común de, al menos, dos líneas. No vale una mancha, por pequeña que sea, porque conceptualmente no sería aprehensible. El punto tiene que ser algo único que al menos dos líneas tengan en común, tal como está representado en el primer signo, leyendo de izquierda a derecha, del tetragrama. Tengamos en cuenta que la mínima representación de una línea es una sucesión de puntos y que dos líneas, rectas o no, pueden pasar por un mismo punto.

El uno se puede representar por un punto, y un punto se puede representar por el origen común de dos líneas. Primer símbolo. De hecho, nuestro uno es casi igual pero invertido, las dos líneas se dirigen hacia abajo en lugar de hacia arriba.

Como el punto es intangible, para poder hacerlo tangible lo convertimos en círculo. El círculo es todo aquello que puede ser concebido y que tiene su origen en el punto (¿el Big Bang?). Lo que está dentro del círculo existe y su exterior es la no-existencia, el caos y la nada. El punto se ha convertido en el centro, pero el círculo sigue siendo uno. El lenguaje da cabida a expresiones como: círculo de amistades, centro comercial, estar descentrado (o centrado) etc. El diámetro divide al círculo en dos partes, y aunque todavía no podemos orientarnos del todo ya contamos con una mínima referencia binaria (o dual) de lo uno y lo opuesto, frío y calor, masculino y femenino, bien y mal: el Ying y el Yang en definitiva. Un círculo con un diámetro será, por tanto, el dos. Un segundo diámetro perpendicular al primero ya nos permite orientarnos (Norte, Sur, Este y Oeste) y estaríamos hablando del número cuatro.

Para representar el tres no sirve el triángulo, por ejemplo, porque podría ser interpretado como una única forma, algo relacionado con lo sólido, lo indestructible, porque el triángulo es la única construcción indeformable. Han de ser tres elementos separados, que no dejen lugar a dudas de que son tres. Iguales, pero tres. Esto puede que refuerze los conceptos del uno y del dos: aquí hay tres cosas, luego esto podría ser el uno, esto el dos, y esto el tres. Servirán tres líneas horizontales, como un triángulo desmontado.

¿Y cómo identificamos el cuatro? Un círculo con dos diámetros iría bien, tal vez incluso reforzaría el dos, pero podría ser confundido con el símbolo en sí mismo, con la cruz. Lo mismo puede pasar con el cuadrado. ¿Y si optamos por representar el sistema numérico? Tendría que ser posicional, pero sin duda esas nociones aparecerán en un momento u otro. Bien, utilizaremos un signo que no tenga nada que ver con los anteriores, que esté ahí únicamente para ocupar un lugar, incluso peor hecho que el resto, algo así como un círculo inservible, para indicar que ese último símbolo que no encaja con los demás representa el paso al siguiente orden de magnitud y, si se utiliza solo, significaría la nada. A un círculo inútil, o sin significado por sí mismo (el significado lo da su posición respecto al resto de símbolos), nosotros lo llamamos cero. Y todos juntos son cuatro. También se me ocurre pensar que las dos líneas verticales de ese círculo inútil podrían aludir a los dos diámetros que representarían el cuatro, pero uno de ellos —precisamente el horizontal— se ha cambiado de posición para evitar la confusión con la cruz.

Respecto a cuál debería ser el orden de lectura, si de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, pienso que es irrelevante, ya que no estamos leyendo cantidades sino interpretando símbolos. Cada símbolo habla por sí solo, lo leamos en el sentido que lo leamos. Leerlos de izquierda a derecha (1, 2, 3, 0) es lo mismo que de derecha a izquierda (0, 3, 2, 1). Considero más importante que estén correlacionados y, según mi interpretación, lo están.

Pero fíjate bien, míralos con detenimiento. ¿No se parece un símbolo a nuestro '1' al revés? Y el '2' bien podría ser una estilización del que tiene el díametro horizontal, utilizando solo la semi-circunferencia superior y estirándola antes de llegar al diámetro. Para obtener el '3' basta unir con dos arcos los extremos derechos de las líneas horizontales. Y si le quitáramos, digamos por pereza al escribir, las dos líneas verticales a ese otro círculo… Pues sí, estamos jugando a encontrar el parecido. La pareidolia suele acompañar a los juegos imaginativos y la imaginación es parte de nuestra mente.

Hay preguntas que, según parece, nunca podrán ser contestadas, así que las respondemos de la mejor manera que se nos ocurre. ¿Tenemos evidencia científica de que la pirámide de Keops fue construida hace unos 4 500 años? Si afirmara, por ejemplo, que esa construcción tiene 200 000 años ¿podría alguien demostrar científicamente que eso es falso? No considero prueba suficiente que lo dijera Herodoto (¿sabía quien se lo contó a él lo que realmente suponen mil años, o lo dijo como para expresar una gran cantidad de tiempo?). No me vale que en sus inmediaciones se hayan encontrado restos orgánicos y pergaminos de hace tres o cuatro mil años. Cualquiera puede enterrar algo en cualquier momento en cualquier lugar, y esos pergaminos podrían proceder de una especie de centro de investigación ubicado en las inmediaciones de Keops porque era el modelo a seguir para construir otras pirámides. Esa pirámide está hecha de piedra, y la edad de la piedra vendría a ser algo menos de la edad de la Tierra, teniendo en cuenta el tiempo que tarda en formarse. No admito las alineaciones de los conductos con ciertas estrellas, porque esas alineaciones se repiten cada vez que el eje de rotación terrestre, en su ciclo precesional, vuelve a apuntar al mismo sitio y que si apuntan, o apuntaban, a alguna estrella o constelación en particular, es fruto únicamente de la casualidad. Si dijera, por ejemplo, que la fecha de construcción de la pirámide fue por la época en que los rayos del Sol caían exactamente perpendiculares a su cara sur en el solsticio de invierno ¿se podría rebatir científicamente? Pero sin decir que es imposible porque hace tanto tiempo nadie sabría ni podría levantarla, ya que eso no lo considero totalmente objetivo. Quiero que sea rebatido sin suponer nada y únicamente con pruebas científicas. Tampoco admito basar la fecha de su consrucción en la época en que vivió el fararón llamado Keops, o Jufu, ya que no está del todo claro si su nombre fue escrito dentro de la pirámide hace cuarenta y cinco siglos o bastante menos, pero aún dando crédito a los cartuchos con su nombre, pudo ser que se la atribuyera en lugar de mandar construirla. También habría que demostrar sin lugar a dudas que las pirámides consideradas peor hechas, como por ejemplo la acodada, son anteriores a la de Keops y no intentos posteriores de imitación. Además, mientras no encuentre una demostración irrefutable, un servidor seguirá pensando que la llamada Pirámide de Keops no se construyó para ser una tumba, aunque algunas otras pirámides sí lo fuesen. Lo que creemos saber sobre la edad y la utilidad de Keops está basado en opiniones, únicamente en opiniones. Sí, son opiniones de personas que han estudiado mucho la antigüedad y han traducido pergaminos y jeroglíficos, y han llegado a las mismas conclusiones (quiero decir opiniones) por diferentes caminos, pero lo cierto es que lo que creemos saber, tanto sobre la utilidad como sobre la edad de Keops, únicamente está basado en opiniones. Lo que no parece mucho, objetivamente hablando.

Lo anterior no ha sido más que pura especulación, un intento de corroborar que casi todo lo que creemos saber sobre el pasado de esas pirámides puede estar equivocado, y tenemos que aceptarlo así. Siempre habrá preguntas sin respuesta, misterios sin solución, algo que no podemos saber a ciencia cierta por mucho que lo intentemos, y esto es precisamente lo que me atrae de esa construcción de piedra: que a veces (y ya van casi demasiadas) me hace replantearme lo que sé, o creo saber, sobre el origen de algunas cosas. Ciertamente y sin lugar a dudas las casualidades existen, pero es que son tantas en el mismo sitio…

Y Keops no está sola. Forma parte de un conjunto de tres pirámides y una esfinge, que suman cuatro monumentos. Cuatro son los puntos cardinales. Cuatro las fuerzas fundamentales, según parece: la nuclear fuerte, la nuclear débil, el electromagnetismo y la gravedad. Tenemos cuatro estaciones, la Luna tiene cuatro fases, los antiguos decían que cuatro elementos lo formaban todo (aire, tierra, agua, fuego), y hablamos de que percibimos cuatro dimensiones (ancho, largo, alto y tiempo), y también que el ADN tiene cuatro tipos de moléculas llamadas bases. Hasta Los Beatles fueron cuatro. Algunos de esos conjuntos de cuatro elementos (olvidemos la broma de Los Beatles) parece que en realidad estén formados por tres más uno, como por ejemplo las fuerzas fundamentales y las dimensiones. La gravedad todavía no se ha encajado del todo con las otras tres, por lo que tengo entendido, y la dimensión temporal también parece estar un poco aparte de las otras. Como la esfinge, que pertenece al conjunto pero a la vez es otra cosa diferente. El cuatro es número importante en muchas civilizaciones, empleándose en expresiones como Señor de los cuatro vientos, Las cuatro partes del mundo, etc. El cuatro viene a ser el número que nuestra mente utiliza para representar la base que forma nuestro mundo. Cuando surje la necesidad de orientarnos aparece el cuatro. Seguramente los mencionados conjuntos de cuatro elementos no tengan nada que ver con las pirámides y la esfinge, pero me resulta entrentenido especular con estas cosas, aunque solo sea para jugar con mi mente. Afirmamos que la mente radica en el cerebro, pero me atrevería a decir que el cerebro no es la mente. Uno piensa que la mente es superior al conjunto de sus partes, por muchísimas sinapsis que tengan nuestras muchísimas neuronas.