La Realidad Formulada

Cuando se descubrío la fórmula de la realidad se pensaba que todo el mundo iba a salir de dudas, que todas las preguntas serían respondidas, que por fin podríamos llegar a saberlo todo. La fórmula se aplicó sobre la humanidad, para averiguar quienes somos realmente, y el resultado fue la propia fórmula de la realidad. Esto dejó muy perpleja a la ciencia, ya que un algoritmo no podía ser solución de sí mismo, así que la ciencia postuló que la realidad contenía errores, porque la fórmula había sido comprobada muchas veces, siendo su desarrollo impecable.

Sin embargo el resultado anterior no sorprendió para nada a la filosofía, porque ésta ya sabía que la realidad de la humanidad está determinada por la propia existencia de la humanidad. Si la humanidad no tuviese existencia real tampoco habría realidad perceptible para la humanidad, que es quien se estaba ocupando realmente de definir la realidad. Esto implicaba que habría varias realidades diferentes, según la especie que la defina, por ejemplo. Pero la ciencia no podía concebir tal cosa. La realidad tenía que ser una, válida para el contenido completo de todos los posibles universos presentes, pasados y futuros, y para todas las especies posibles, exista o no la humanidad.

Cuando la poesía aseveró que la imaginación también era real, la ciencia aplicó la fórmula a la imaginación y el resultado final fue una indeterminación. Cuando se profundizó en dicho resultado para hallar el límite de la imaginación resultó que siempre salía una división por cero.

—Vale —dijo la ciencia—, la imaginación puede llegar a ser infinita.

—Pero, ¿es real? —seguía preguntando la poesía.

—Claro —respondió la ciencia—, la imaginación es real e infinita.

—No, no —volvió a insistir la poesía, que nunca acertaba a la primera con la pregunta adecuada para la ciencia—, que si es real el producto de la imaginación.

La ciencia volvió a repasar los cálculos de la fórmula de la realidad aplicada al producto de la imaginación, hayando que el producto de la imaginación llegaba a multiplicarse por cero en un punto determinado; en otro punto, según el ámbito de algunas de las variables empleadas, se multiplicaba por infinito, aunque el resultado más probable era, naturalmente, imaginario. La ciencia le dijo a la poesía que la fórmula de la realidad arrojaba resultados controvertidos y hasta contradictorios sobre el producto de la imaginación, y la poesía quedó muy complacida y satisfecha con la respuesta. La ciencia no, la ciencia quería concretarlo todo.

Entonces la ciencia aplicó la fórmula de la realidad sobre la ciencia misma, y el resultado fue una fórmula nueva. Al resolver las ecuaciones de esa nueva fórmula se obtuvo como resultado otra fórmula que parecía ser todavía más interesante que la anterior. Y de esa nueva fórmula salió otra, y de esta, otra, y así sucesivamente. La ciencia estaba muy interesada en llegar a desentrañar algún día el misterio de su propia realidad, y no paraba de estudiar fórmulas que resultaban en otras fórmulas. La poesía estaba contenta con su realidad imaginativa y la filosofía conforme con la suya circular.

La ciencia pasó mucho tiempo estudiando fórmula tras fórmula tras fórmula y por fin decidió preguntarle a la filosofía su opinión sobre la generación infinita de fórmulas, unas saliendo de las otras. La filosofía estuvo encantada de responderle a la ciencia que esa era su realidad. La ciencia concluyó entonces que algo debía de estar mal en la definición de la realidad, y decidió volver a empezar los cálculos partiendo de cero. La filosofía le avisó de que si partía de cero partiría de la no-realidad, porque el cero representa la no-existencia, de modo que partiendo del cero no llegaría a ningún sitio porque el cero no tiene existencia real. La ciencia dijo que el cero es un signo real para representar la nada y que se puede utilizar en los cálculos reales, como siempre se ha hecho. La filosofía le respondió que allá tú y se quedó tan tranquila, volviendo a sus reflexiones sobre si la realidad de la existencia podía yuxtaponerse a la existencia de la realidad.

La poesía tomó parte en la discusión sin haber sido invitada, como siempre hacía, y dijo que la fórmula de la realidad no puede existir completamente, porque cada vez que es imaginada pasa a ser un factor del producto de la imaginación, y la fórmula de la realidad ya dio como resultado que el producto de la imaginación puede ser contradictorio, y muy probablemente imaginario. La filosofía dijo que eso concordaba con sus principios, y la ciencia, como se encontró consigo misma, quedó encajada dentro de un círculo vicioso que era algo que entendía perfectamente, por tratarse simplemente de un bucle infinito. Los bucles infinitos son intrínsecos para la filosofía, divertidos para la poesía y útiles para la ciencia. La filosofía sabe salir de los círculos viciosos cambiando el punto de vista, la ciencia intercala funciones discontinuas y la poesía siempre sale por la tangente, así que la realidad quedó formulada como un círculo vicioso, asumible para la filosofía, disfrutable para la poesía y aburrido para la ciencia.